martes, 7 de agosto de 2007

Capítulo 16

16

El sargento Eizagirre se hubiera sorprendido de poder comprobar que su deducción era un calco de lo que realmente había pasado. Esa misma mañana, el análisis del suceso generaba serias discrepancias en la reunión donde se decidía la suerte de Madelaine. Eso ocurría en el secreto cuartel general de ETA. Allí la discusión fue densa y prolongada, girando sobre dos posiciones antagónicas. La primera, insistía en la conveniencia de eliminar a la prisionera, para no dejar en evidencia que su secuestro había sido un error. Además, si la dejaban con vida, ella podría identificar a sus captores o el lugar adonde había permanecido retenida. Quienes se oponían a estas iniciativas sostuvieron una argumentación basada en que no vendría mal mostrar un excepcional gesto de benevolencia, y descartaba la posibilidad de que sus guardianes hubieran sido vistos a cara descubierta, como que a Madelaine le fuera posible localizar el lugar en que había estado (Naturalmente, nadie conocía su relación con Iñaki.) Finalmente, se llegó a una decisión: esa tarde la abandonarían en un lugar alejado de la carretera. Allí sería encontrada y el asunto se daría por terminado. Resultó irónico que el mismo Iñaki fuera designado para comunicar a Madelaine lo resuelto. El no había intervenido en el secuestro pero era uno de los encargados de su custodia. Tampoco se trataba de una casualidad. A veces las historias se eslabonan como si las armonizara un misterioso propósito. Respecto a esta misión le dieron diversas instrucciones, entre ellas, puede sonar paradójico, manejar las cosas con la mayor delicadeza posible. La intención no consistía en pedir disculpas, pero sí hacer que Madelaine se llevara la impresión de haber recibido un tratamiento considerado y humanitario. Así reaparecía otra vez el vano intento de convencer a los demás de cosas que no estaban dispuestos a aceptar. Pero la inteligencia no es condición para uso convencional de jefes de una banda de asesinos capaces de matar y de morir por una causa equivocada perdida, dos aspectos que ellos estaban empeñados tozudamente en desconocer, como si la realidad y el ensueño fueran parte indivisible del mismo paisaje.

Cuando Iñaki irrumpió apresuradamente en la habitación, ella sintió que su captor había perdido el aire parco que siempre parecía rodearlo como un emblema. Hasta podía decir que en la ocasión se le veía decididamente feliz.
-Te tengo buenas nuevas. -Fueron sus palabras.
-Dios mío, gracias. -Exclamó Madelaine.
-Me encomendaron que esta tarde te deje en libertad.
Ella lo abrazó y lo besó. Luego le miró fijamente.
-Hemos hablado muy poco de nosotros, me gustaría saber cosas de ti, de qué te ocupas, por ejemplo, cuando...
-... cuando no estoy fabricando bombas, quieres decir... - la interrumpió él. - Ella intentó justificarse, pero él anticipó. -Nunca he fabricado ninguna, no sé hacerlo, y la misión más riesgosa que he tenido hasta ahora ha sido vigilarte. Pero no soy un asesino... trabajo como maestro de escuela.
Madelaine quedó absorta.
-Jamás lo hubiera imaginado: ¡maestro de escuela!
-Pero es así.
Ella no se sentía conforme, y quiso transmitírselo.
-Pero debes hacer otra cosa, no sé, leer, andar en bicicleta...
-... jugaba pelota en Bilbao hasta que debido a un accidente con mi moto tuve una severa lesión en la clavícula. El médico indicó que el deporte había terminado para mí.
-¿Pero hay otras cosas que deben gustarte? -Insistió la mujer. -La música, por ejemplo.
-Oh si, la música me gusta mucho.
-¿Beethoven, Brahms, Mussorgsky, Stravinski, Debussy, Bruckner, Mozart, Liszt, Vivaldi, Verdi? - Enumeró ella tratando de presentarle el panorama más amplio posible, pero sólo logró que Iñaki estallara en una carcajada.
-No, no esa música.
La señora de Röine Etagne se sintió tocada. Para ella aquellos no eran simplemente nombres sino monumentos cuyos méritos no se le hubiera ocurrido discutir.
-¿Es que hay otra? - Preguntó lacónicamente.
El no se amilanó.
-¿Nunca has oído hablar del jazz?
Ella lo miró fijamente.
-Por supuesto que sí, pero sería incapaz de darte una opinión al respecto, sencillamente, porque no creo haber escuchado esa... esa música, ni lo suficiente ni con atención.
-Pues has hecho mal. -Dijo Iñaki como si la reprendiera. -Me gustaría iniciarte en su conocimiento, seguro que te encantaría. ¿No has oído hablar de Miles Davis o de Gillespie? A ambos les he visto tocar en Vitoria - Gasteiz (10).
En ese momento le pareció advertir que Madelaine lo miraba como si le estuviera escuchando el relato de las experiencias recogidas en otro mundo.
- Pero bien... estamos hablando nada más que de mí, y no me has dicho de que te ocupas tú.
-Soy rica.
-Pero ese no es un trabajo. - Dijo sitiéndose burlado.
-¿Crees que no? -Reaccionó Madelaine. -Tienes que escuchar los informes de los administradores, asesorarte para poder interpretar los balances, analizar en qué país y en qué actividad conviene realizar las inversiones, informarte de la evolución de las empresas, aun de las que no son tuyas, estar al tanto de las fluctuaciones del mercado, y si tienes el control directo de una empresa o de un grupo de empresas, permanecer atento para que la competencia no se te adelante. ¿Y sabes la razón de todo esto? La razón es que el dinero no puede, no debe estar quieto. Es como los caballos de carrera que deben mantenerse constantemente entrenados, es decir, en movimiento. Si los dejas estáticos, en poco tiempo no sirven ni para tirar de una calesa. Es lo que ocurre permanentemente con el dinero, por eso merece tanta atención, y también por eso me mantiene tan ocupada. ¿Lo ves?
-Pero viniste a San Sebastián como turista, y antes, me dijiste, pasaste una temporada de descanso en Francia. ¿Quién se ocupa de tus negocios en esos momentos?
-Tengo decenas de colaboradores eficientes que están a diario sobre todo problema pero yo debo tomar las grandes decisiones, desde que murió mi marido he tenido que aprender a hacerlo. Y no es nada fácil porque se dispone de muy poco tiempo. No me quejo.
Iñaki quedó reflexionando, pero no demoró su comentario.
-Pienso que con frecuencia te debes sentir muy sola. ¿No podrías darte la oportunidad de intentar modificar un poco las cosas?
Madelaine descubrió que la pregunta era una velada propuesta para que iniciaran algo juntos, tal como si tuvieran toda la vida por delante igual que cualquier pareja de enamorados. Le pareció un propósito alocado.
-Es triste, -dijo- pero no existe esa oportunidad.
-Sí. -Acordó él cabizbajo y dejando claro que ella no se había equivocado. -Esta tarde estarás en tu hotel, y después volverás a tus obligaciones. Todo lo que pasó será consumido por el olvido, y hasta esta conversación se convertirá en una charla ocasional, como la que hubieras podido mantener con un desconocido durante un viaje en tren o en avión.
Madelaine se mostró molesta.
-Deberías pensar primero que esta tarde estaré libre, ¿o no significa nada para ti? Por otra parte, el hotel es donde estaba hasta que ustedes decidieron que era mejor traerme aquí. ¿Por qué no habría de querer volver allá, anhelándolo hasta la desesperación? ¿Acaso olvidas que ese es el mundo al que pertenezco? -Preguntó con innecesaria soberbia.
-Claro que no lo olvido, además, tampoco quise incomodarte. En cuanto a tu libertad, después de lo que me has dicho, no creo que sea mucho más que una apariencia, y si fuera tan atrevido como debería, te preguntaría cuál es la clase de libertad de que gozas...
-...puedes preguntarme todo lo que quieras. -Interrumpió Madelaine. El respondió al desafío.
-Me refería a una libertad sin amor. ¿Es acaso una libertad completa. ¿No es preferible amar, amar tanto, hasta perder en otro la propia individualidad?
Ella hubiera querido contestar, pero no dijo nada. Sin embargo, Iñaki asumió aquel silencio como una respuesta.
-Dejémoslo, al menos en lo que a nosotros dos se refiera. Y volviendo a la libertad, diría que mi profesión es luchar por ella.
-Todo eso me parece más que discutible, pero bueno, -continuó inmediatamente Madelaine. -no creo oportuno adornar nuestra despedida expresando diferencias sobre estos temas. ¿De qué serviría? Después de todo, al menos creo que somos amigos... o lo que quieras. -Reafirmó Madelaine. -Puedes ponerle el nombre que prefieras, no voy a impedírtelo, pero algo somos, no tengo dudas y tú tampoco deberías tenerlas. Hemos estado muy juntos como para aparentar que nada ha pasado, que todo lo ocurrido ha sido una casualidad, o lo que sería aun peor, un impulso pasajero para satisfacer el deseo. Suena melodramático, pero no encuentro modo mejor de decirlo.
-No pienso nada de eso, es más, comencé amando tu cuerpo, y que hayas compartido mi cama te valoriza enormemente ante mis ojos, como si te respetara más y de un modo más íntimo. Te parecerá algo antiguo y fuera de uso, ¡pero es así! Ahora, no sé... me es difícil explicarlo pero quiero ser franco. -Trató de definir vagamente el hombre.
-Lo lamento, pero odio las salidas dramáticas. Yo también podría decir cosas parecidas, pero no lo hago.- Interrumpió Madelaine con tono gélido. -Sabíamos que algo así iba a suceder, porque existían dos posibilidades: me asesinaban o me ponían en libertad. Me alegro, claro, de que haya ocurrido esto último, pero de la otra forma, también nos hubiéramos separado, y no creo que en ese caso te hubiera quedado una sensación agradable.
-¿Qué crees? Me habría quedado una pena y una culpa muy grandes, insoportable, aunque no haya sido yo quien decidió todo esto, pero no demasiado menor a lo que siento ahora, por eso quiero saber: ¿Qué podemos hacer para volver a vernos? - Musitó él, porque volver a verla era lo único que le importaba. Sentía que jamás había amado a nadie como amaba a Madelaine. -Si, ya sé. -continuó- La nuestra ha sido una relación fugaz y por maravillosa que nos haya resultado, por felices que nos hayamos hecho el uno al otro, por alegre y completo que yo me sienta con sólo verte, termina donde termina.
-Me haces sentir como la abeja reina que aprovecha las cualidades del macho y luego lo deja librado a su suerte, pero no es así. -Respondió Madelaine con firmeza. -Yo también siento gran respeto por ti y por lo que hemos hecho, y no me deja en absoluto indiferente, como por cierto, tú tampoco me dejas nada indiferente, verás cuan sincera puedo ser, y lo seré más aun: me gustaría volver a repetir hasta el cansancio todo lo que pasamos juntos. En cuanto a vernos... - Madelaine adoptó un tono terminante. -¡No! Es demasiado peligroso, demasiado peligroso, -repitió como si quisiera convencerse- especialmente para ti.
Iñaki, que después de conocer a Madelaine había dejado de ser el hombre duro y decidido de antes, se veía desconsolado.
-Tienes razón, debería haberlo pensado.
-Aunque... -dijo Madelaine.
-...¿si?... -Se esperanzó él advirtiendo una posibilidad remota.
Ella continuó.
-... acaso podríamos vernos en París, a menos que la policía francesa ya te tenga individualizado.
-Es sumamente improbable. Jamás he estado en Francia. - Afirmó él con seguridad.
-Entonces te sugiero que anotes mi teléfono...
-... no, prefiero memorizarlo.
-Está bien. El número es...


10 El personaje hace referencia al Festival de Jazz de Vitoria - Gasteiz, que se realiza en Vitoria - Gasteiz.

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